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miércoles, 4 de junio de 2014

Atisbos No. 207. Voto por la pacificación y los pacificadores.

"EL 15 DE JUNIO, más que por Santos o la Paz, VOTEMOS POR LA PACIFICACIÓN Y LOS PACIFICADORES"

Humberto Vélez Ramírez. 


para ver el documento completo, con sus anexos  y descargar ir a: https://docs.google.com/file/d/0B5ro9VGGR03fak1MRTlLZ0FwbTg/edit

Nota: Ideas principales. Estas dos cuartillas son las centrales para fundamentar nuestra posición que señala: “El 15 de junio, más que por Santos o la Paz, votemos por la Pacificación y los Pacificadores.”    
A.      Se ha tornado casi costumbre denominar “paz” a toda acción orientada a ponerle fin a los conflictos. Para el actual caso colombiano, sería más conveniente distinguir entre hacer una pacificación- o pacificaciones-  y construir paz positiva imperfecta: la pacificación  se encuentra asociada a la idea de impedir que guerrilleros y soldados se sigan matando, así como a que se continúe asesinando a las poblaciones de indígenas, negros y mestizos, que pueblan numerosos  territorios de guerra neutralizando, así, por otra parte, los efectos perversos  de ésta sobre  el cuadro clínico de los derechos humanos, sobre la infraestructura vial e hidroeléctrica  del país, así como sobre el presupuesto nacional; en cambio, la paz positiva imperfecta  se encuentra ligada a toda acción colectiva social orientada a realizar la necesaria revolución social democrática que el país está reclamando.
B.      En la coyuntura de los dos últimos años, Santos se ha evidenciado como  pacificador mientras que Uribe se ha reafirmado como des-pacificador no siendo pequeña la diferencia y la importancia social y cultural de una y otra conducta; por otra parte, ni Santos ni Uribe,  por ser neoliberales en distintos grado, pueden ser considerados como capaces de  construir paz positiva imperfecta. Como lo ha evidenciado la experiencia histórica del país,  y mucho más, como lo han significado los paros agrarios de los dos últimos años, en Colombia la construcción de paz positiva  es y continuará siendo una tarea histórica de las luchas del conjunto de los subalternos y subordinados.  
C.      En las anteriores condiciones y dado que en la potencial pacificación que se ha venido jalonando en la Habana, se ha avanzado como nunca en los últimos 30 años, parece como política y éticamente pertinente apoyar en la segunda vuelta a Santos más como pacificador que como constructor de paz. Vale decir, votar por la pacificación.  En un país como Colombia, al que la guerra interna lo ha impactado en lo cualitativo en todas sus dimensiones, la sola pacificación tendría por si misma elevados méritos, méritos que se agigantan si se considera  que ella constituiría un primer paso importante en el proceso de construcción de paz positiva imperfecta. Por eso, si, de modo  irreal,  se pudiese desdoblar el voto en un 50 % para el pacificador y otro 50%, y muchos cincuenta por ciento más,  para las constructores de paz positiva, no habría que dudar en realizar tal operación electoral.
D.     Pero, hay algo más. Todo parece indicar que la propuesta de pacificación que vendría de la Habana para que sea el conjunto de la ciudadanía el que la pruebe o desapruebe, arrastraría ya cierta dosis de paz positiva imperfecta asociada a importantes cambios (reforma agraria integral, democratización del régimen político, estrategia para enfrentar, en un marco nacional-regional,  el problema del narcotráfico e inicio del proceso de reparación de las víctimas). Entonces, en esa misma dirección, el movimiento social por la paz debería levantar una propuesta, de claro sabor gramsciano, orientada a lograr importantes reivindicaciones sociales, que en los últimos dos años han entrado a hacer parte de la agenda de las luchas sociales. Una razón más para apoyar a Santos como pacificador porque las mismas dinámicas de los dos paros agrarios, el del 2013 y el del 2014, lo han obligado a hacer presencia como Estado en esas luchas.
E.       Como podrá, entonces, observarse, no se trata del clásico y hasta “entusiasta” apoyo crítico al programa de gobierno de Santos; tampoco se trata de perder la independencia como oposición. Se trata, más bien, de apoyar a un Santos pacificador en un momento especialmente crítico en el que la extrema derecha, no necesariamente “fascista” pero sí ultra-represiva en lo objetivo y en lo subjetivo,  amenaza seriamente con llegar al gobierno para echar para atrás todo lo que se ha logrado en términos de avances hacia la pacificación.
Pero, como que Uribe-Zuluaga, dados los avances objetivos logrados en la Habana en materia de una posible pacificación casi irreversible, por fin han empezado a aceptar  que, no obstante que el grueso de la ciudadanía y de los altos Mandos Militares participan de una versión u otra de la concepción uribista de “paz”, sin embargo, ellos jamás le han  presentado  a la ciudadanía un análisis concreto y razonado sobre los diálogos en la Isla de Martí. En su posición más elaborada,  no han pasado de repetir y repetir la boba generalidad  de que allá en la Habana “todo ha sido impunidad”. Pero, como saben, 1. que los diálogos de la Habana cuentan con un sólido respaldo internacional, y, sobre todo, latinoamericano, y 2. que, en mayor o menor grado, las tres minorías derrotadas  han sido proclives al proceso de la Habana- proceso en relación con el cual han formulado análisis con críticas razonadas- entonces, de cara a su expectativa de triunfo en la segunda vuelta, han decidido retomar esa palabra efectista llamada “paz”. O una de tres: 1. o simple cálculo racional electorero ; 2. o conciencia de que no podían pensar en alianzas  y en ganar el porcentaje del voto de opinión  que se inclinó por Clara López, Marta Lucía y Peñalosa esgrimiendo las mismas  generalidades, mentirosas unas y malintencionadas otras, desplegadas durante los últimos años sobre las dinámicas de esos diálogos ; y 3.  o sana intención de aprovechar un proceso ya en marcha que ha venido produciendo efectos positivos para inyectarle, una vez Zuluaga en la presidencia,  un nuevo  modelo de negociación. Por militarista que  haya sido  en sus concepciones y prácticas, no podrá olvidarse que Uribe, sobre todo en su segundo gobierno, y muy calladito, buscó aproximaciones “secretas” con las Farc; aún más, en el 2007  intentó un " intercambio humanitario” como preludio de una aproximación más formal.[1]


[1] . “LOS ENCUENTROS SECRETOS  DE PAZ DE ALVARO URIBE”. ARCHIVO, eltiempo.com, 26-16-2012.

lunes, 26 de mayo de 2014

Atisbos No: 204,205,206.

Un saludo a todos los lectores, interesados en los problemas de nuestro país y en la paz. Entregamos los últimos tres Atisbos Análiticos del profesor Humberto Vélez Ramírez.  Accedan a cada link y allí encontraran tanto el texto completo como un breve apartado con ideas centrales. 

  • ATISBOS No. 204. LOS DIALOGOS DE LA HABANA  EN SU TRANCE MÁS DIFÍCIL: LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES DE MAYO DE 2014 

Click aquí para ver y descargar: 

(Para los que no tengan tiempo para leer todo este Atisbos 2014, así terminamos este Atisbos 204):
“La polarización circunstancial más importante que se ha dado en Colombia en este 2014 ha sido entre la derecha y la extrema derecha, dos expresiones encontradas de las contradicciones del bloque en el poder: la tensión progresiva se ha asociado al hecho de que el país se ha encontrado, al mismo tiempo, en situación de guerra y en situación de construcción de paz y esto no podrá mantenerse más allá del corto plazo: o la paz se asienta golpeando y debilitando la situación de guerra o la guerra se aferra derrotando los Diálogos de la Habana. Entre el 2002 y el 2008 Uribe Vélez fue un presidente de guerra coadyuvado por Santos y entre el 2010 y el 2014 Santos ha sido, al mismo tiempo, presidente guerra y presidente de paz. En el país cada día ha ordenado intensificar la balacera mientras en la Habana cada día ha ordenado negociar para pararla. Se ha tratado de un caso sintomático de esquizofrenia política.
Expresada esta contradicción o tensión o esquizofrenia política en el plano electoral- en las elecciones para presidente en mayo del 2014- son muchos los indicadores que evidencian que Santos ha venido perdiendo la partida. Mientras la apatía y casi indiferencia de cara a los Diálogos de la Habana son muy notorias en sectores gruesos de las sociedades civiles, las Encuestas señalan, 1.que Santos se ha venido estancando en un 32% para la primera vuelta, y 2. que Oscar Iván Zuluaga, al salirse un poco, en el discurso sobre todo, del vientre paterno de Uribe, ha venido ganando puntos con cierta celeridad. Golpeando un poco a las Ciencias sociales, cuya capacidad de prognosis es baja, nosotros diríamos que quizá Santos no pierda en la primera vuelta, pero que en la segunda, si el segundo lugar lo ocupa Zuluaga, es posible que el próximo presidente de Colombia sea de nuevo un presidente de guerra. Con la excepción de Clara López del Polo, los otros Candidatos, por distintas vías y en distintos grados substantivos, se le acercarían: Martha Lucía Ramírez liderando el grueso del partido conservador y Peñaloza fragmentando el partido de la Alianza Verde, que de entrada se evidencia más fracturado que unido.

  • ATISBOS No. 205 Uribe Locutus est  y dijo : Yo, “definitiva Encarnación del  Estado  Colombiano”, le Informo al País: Ese Video es un Montaje, Ergo, que mis  súbditos los Jueces Investiguen.


Para quienes no quieran o no puedan leerlo todo, así lo terminamos:
“Por una parte, creemos que, en la coyuntura, Santos es un pacificador, pero no es un constructor de paz positiva imperfecta como es toda paz humana en una sociedad atravesada por los grandes conflictos sociales, por las luchas clasistas y sociales así como por las singularidades de cada individuo. Y como pacificador, lo hemos apoyado pero como neoliberal, incapaz de construir paz positiva, lo hemos criticado. Por otra parte, lo deseable e ideal sería que entre dos “buenos” pudiéramos optar por “el bien mejor” y no que, entre dos malos, en última instancia tengamos que quedarnos con el “menos malo”.
Entonces, de pasar Santos, el pacificador, a la segunda vuelta, no podemos olvidar que como tal, sin vergüenza ya lo hemos apoyado y, así, cada quien en su intimidad debe definir qué lugar ocupan la paz y la justicia, la judicial y la social, en su escala subjetiva de valores. En nuestro caso, en una sociedad con tan tremendo y cincuentenario conflicto interno armado, el 80% de los colombianos no han vivido un solo día “pacífico”, amén de que son miembros de una sociedad con un 90% de impunidad en su sistema judicial, así como marcada por ser una de las más inequitativas del mundo en materia de distribución de la riqueza, de la tierra y de los ingresos... Por otra parte, sabemos que sin pacificación, como primer paso, se tornará muy difícil jalonar, a través de la más intensa movilización social y ciudadana, la construcción de la paz positiva, que es lo que constituye el disco duro del postconflicto.
Entendemos que para la izquierda democrática, después de votar por Clara López en la primera vuelta, no le es cómodo votar por Santos en la segunda, pero no se puede velar que, en lo simbólico, ya se ha medio votado por él con las acciones realizadas por sus miembros en apoyo de los diálogos de la Habana. Lo deseable habría sido que en una coyuntura social que tiene, como uno de sus componentes, la más intensa reactivación del movimiento social de los últimos 40 años- de acuerdo con el Cinep en el 2013 hubo 1027 protestas sociales y ciudadanas1-, se hubiesen aprovechado las luchas libradas por la tierra y los territorios y la cultura rural o la libradas alrededor de la salud y de la educación para pactar con el bloque hegemónico en el poder una gruesa reivindicación social. Pero, ya no hay tiempo para pensar en esa dirección.
Entonces, es mucho lo que importa este voto por la pacificación que, en la práctica, es un voto por Santos en la segunda vuelta, pero con tal de que no se desborden las fronteras de último recurso, convirtiendo el apoyo electoral limitado en un apoyo entusiasta o en una forma perversa de hacer oposición.
Para terminar, como ciudadanos no podemos más que destacar las palabras del Arzobispo de Cali, Monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía,
“Ante el lamentable deterioro de la democracia y de la convivencia ciudadana…la cédula de ciudadanía colombiana debe transformarse en una cédula de paz y solamente para la paz”.

  • ATISBOS No. 206. La Construcción de una Paz Integral Imperfecta: Un Asunto Estratégico.

Click aquí para ver y descargar: 

Sea el que sea su signo ideológico, ciudadano y clasista, en esta etapa de la historia colombiana, el inicio consciente y orgánico de la construcción de una paz integral imperfecta (pacificación + construcción de paz positiva + comienzos del desmonte del neoliberalismo + adopción por parte del Estado de un modelo socioeconómico postneoliberal) constituye un asunto programático central para cualquier movimiento político o partido o alianza de partidos.

sábado, 25 de enero de 2014

Atisbos 189. Enero 2014.



Para descargar el documento en pdf, hacer click aquí:  https://docs.google.com/file/d/0B5ro9VGGR03fMWFhRy1zMHZ1LUk/edit


A PROPÓSITO DE PRADERA–VALLE: SILENCIEMOS LAS PLUMAS Y LAS MÁQUINAS DE ESCRIBIR

 CARTA ABIERTA A LOS ANALISTAS
 DE “COLUMNISTAS  LIBRES”

En la  Persona  de Jota Jaramillo,
Muy queridas amigas y amigos.

Andaba hilvanando hechos, nociones  e hipótesis  para escribir un Atisbos  titulado “CÓMO SERÍA COLOMBIA SIN CONFLICTO INTERNO ARMADO. UN ANÁLISIS Y UN SUEÑO DESDE EL ENFOQUE DE LO POLÍTICO” cuando los paralizantes hechos ocurridos en Pradera-Valle  me frenaron  la pluma.  Con qué fundamentos y bases continuar escribiendo  que en una Colombia sin guerra interna ya no habría sucesos  como los acaecidos esta semana en la población valluna cuando uno de los responsables del hecho podía ser- aún me niego a aceptarlo como mera posibilidad- una organización que en la Habana ha proclamado que quiere hacer el tránsito a un ejercicio de la política en democracia  y sin fusiles en la mano.
Nuestra posición, la del grupo de ECOPAIS de la Universidad del Valle, no es moralista, pues no sabemos de un país donde haya habido una importante e intensa y prolongada guerra interna sin que, de modo directo o indirecto, su población civil no haya sido en definitiva afectada, pero retamos, a quien quiera que sea,  a que nos demuestre  que en el  caso de Pradera haya habido siquiera una pequeña dosis  de un acto de guerra legítimo, y por lo tanto, políticamente justificable. Si se hubiese afectado al enemigo real, según las guerrillas, doloroso y todo, la acción bélica contra Pradera podría asumirse con ese adjetivo, el de justificable en lo político que no en lo ético, pues al fin y al cabo, en la Habana se ha venido negociando sin un saludable cese al fuego. Pero no, por los resultados, el objetivo real  de ese ataque resultó siendo la población civil. Un muerto y  63 heridos, entre ellos ningún miembro de las Fuerzas del Estado. Y que no se nos venga ahora con el cuento, como ya lo adelantó unos de los miembros de las Farc en la Habana, que fue porque por la distancia, apuntaron mal.  Si en medio  o al lado del Ejército o la Policía había un sector de población civil no comprometida, como “revolucionarios éticos” no podían haber apuntado.
El colombianólogo francés Daniel Pecaut diría  que acciones como esas  serían la prueba mayor  de que esta no es una guerra contra el Estado, sino contra la sociedad civil, hipótesis que los Atisbos Analíticos nunca han compartido, pues ésta ha sido y continúa siendo una guerra interna en contra del Estado en la que, aunque de tiempo en tiempo ha habido acciones terroristas, éstas  no han sido lo regular y normal, pero que de todas maneras esa guerra ha surtido tremendos impactos sobre la sociedad civil.
Pero no, aquí hasta ahora hemos asumido el  que las Farc o algunas de sus disidencias, si es que en realidad existen, han sido las responsables de ese  doloroso e impolítico y antiético  hecho  PRADERA 2014. Los enemigos de la pacificación, que por estos días han salido con el cuento del sí a la paz, pero con tantas condiciones que en la práctica la combaten como posibilidad real, también pueden haberlo propiciado. Por eso nos han llamado la atención las declaraciones del Vicepresidente  Angelino Garzón, siempre muy prudente en lo que a su carrera política  y  a sus relaciones con el expresidente Uribe se refiere,
“Hubo, declaró, un atentado terrorista… por lo tanto venga de donde venga este atentado terrorista hay que condenarlo…la violencia es contraria a la democracia…la violencia como la corrupción, como el narcotráfico son contrarios a la democracia y a la convivencia pacífica y lo que ha habido en Pradera es un atentado contra la población… Muchos políticos construyen política y obtienen votos  a costa de la miseria y de las necesidades de la gente, no de las soluciones de la gente…A algunas gentes en Colombia  no les gustan las soluciones, les gusta son los conflictos y los problemas. Porque si vienen las soluciones se les acaban las banderas políticas, la politiquería”.
No es que estemos reduciendo la política a una visión complotista, pero al distorsionado nombre “Uribe Centro Democrático” la pacificación negociada no les interesa, aunque ahora les ha comenzado a dar pena reconocerlo y publicitarlo, pues de acuerdo con el último sondeo de la opinión pública un ya elevado 77% de la población anhela y desea el final del conflicto interno armado aunque sea negociando pero con distintos niveles de condiciones. En este momento, son muchos los colombianos y colombianas que, a la manera de Uribe Vélez,  desean un   acuerdo “negociado” en el que los guerrilleros se auto-sancionen con varios años de cárcel. 
Entonces, si la acción contra Pradera  fue obra de las Farc  habría que decir que   con la “otra mano”  están borrando todo lo que de “positivo” han hecho en la Isla de Martí; pero si  fue iniciativa de la extrema derecha, que ahora maneja la tesis del Miguel Antonio Caro de 1892, según la cual lo que Colombia necesita en la actualidad  y para siempre  es un orden autoritario concretado en un Estado de la Paz armada, entonces ha llegado la hora de propiciar una ruptura colectiva mental y práctica con el uribismo, poco creíble ahora más que nunca.
En nuestra opinión los plenipotenciarios  farquianos en  la Habana, empezando por Iván Márquez y Pablo Catatumbo, no pueden dejar pasar por alto  esta magnífica coyuntura de  oportunidad discursiva  para explicarle a Colombia, a América Latina  y al mundo cuál es su efectiva posición sobre las dinámicas de esta guerra y las poblaciones civiles.  Si los autores fueron los enemigos de la pacificación, que nos proporcionen las pruebas más robustas, pues sus aparatos de inteligencia deben tener; que si fue un disidencia de su propia organización, que la señalen y sancionen; pero que si de algún modo, el Secretariado  apoyado en la tesis de los efectos colaterales avaló esa acción, que de cara al país, se autocritique.
Además de impolítico, sería inmoral  continuar dialogando en la Habana cuando aquí se está atentando contra las poblaciones civiles.
Que  ojalá  no se vuelva con el discurso de “los inevitables efectos colaterales”, lo que a escala general puede tener validez. Quedarse en ese plano, sin descender a las particularidades de las relaciones de las guerrillas con poblaciones civiles concretas, sería muy grave, sobre todo ahora cuando en Cuba  todavía no se ha abordado de modo concreto y específico,  el complejo y delicado asunto  DE LA HISTORIZACIÓN, para el caso colombiano,  de las todavía abstractas tesis  de la Justicia transicional . No es lo mismo aplicar esas tesis en Suiza, Chile o Uruguay  que hacerlo en Colombia o en Serbia. Aquí, de algunos o muchos modos, todos somos culpables, por acción u omisión, de los niveles de degradación a que hemos llegado en materia de ejercicio de la violencia en las maneras de hacer política.
Quizá la posición de los Atisbos Analíticos no tenga mayor trascendencia, pero no volveremos  a referirnos al proceso de negociación OSLO-LA HABANA-BOGOTÁ  mientras el doloroso  y delicado caso de Pradera no se aclare con suficiencia, por lo menos, convincente.
Por eso lo de nuestra invitación, sobre todo a los analistas de COLUMNISTAS LIBRES, para que mientras ello no suceda, por ahora  SILENCIEMOS NUSTRAS  PLUMAS. Cuando al respecto haya alguna claridad retomaremos y publicaremos nuestro Atisbos  sobre “CÓMO PODRÍA SER COLOMBIA  SIN CONFLICTO INTERNO ARMADO. UN ANÁLISIS Y UN SUEÑO DESDE EL ENFOQUE DE LOS POLÍTICO”,



Atentamente,

Humberto Vélez Ramírez.



jueves, 19 de diciembre de 2013

Atisbos No. 184.



Las fuerzas neoliberales en oposición al proceso de
paz y la destitución de Gustavo Petro

                                                                       Humberto Vélez R.

Temperamento fuerte y con tendencias a la prepotencia. Sí, por cierto, pero eso no le quita ni le borra a Gustavo Petro sus persistentes esfuerzos por inventarle a la Alcaldía de Bogotá, como espacio institucional del Estado, una política pública inspirada en una versión dada de post-neoliberalismo y que la ha venido construyendo bajo la figura humanista de “Bogotá Humana”. En contraste, temperamento sonriente pero con tendencias al disimulo, sí por cierto, pero eso no le quita ni le borra a Alejandro Ordoñez sus tenaces esfuerzos por encarrilar a sus supervisados por senderos camanduleros hermanados con un neoliberalismo de extrema derecha.
He ahí el trasfondo, en últimas más definitorio, de la actual coyuntura: el ultramontano católico neoliberal destituyó a Petro para sacar del camino a un destacado librepensador postneoliberal y claro que podía supervisar su conducta dada la condición de funcionario público del costeño, pero no suspenderlo ni destituirlo, asunto éste que, para el caso de Bogotá como Régimen Especial, sólo podía hacer el presidente de la república de acuerdo con el artículo 323 de Constitución. Si encontraba fallas graves en su conducta como alcalde del Distrito de Bogotá, debería haber escarbado formas para hacer intervenir al Presidente Santos o para echar a andar la figura de la revocatoria del mandato respetando así la decisión colectiva electoral de 750.000 bogotanos.
Campo E. Galindo ha captado muy bien la esencia de ese choque trenes: “En el fondo, ha escrito, es una batalla entre intereses públicos versus intereses privados, del Estado como garante de los derechos de la gente versus el mercado…”.1 Y por estos días, al internacionalizarse el asunto Ordoñez versus Petro, varios alcaldes de la Red de capitales y ciudades latinoamericanas- Lima, Río Janeiro, La Paz, Santiago, Montevideo, Asunción, Quito y Buenos aires- ubicaron también de modo preciso el disco duro del asunto al destacar en una declaratoria de apoyo a Petro, que a éste lo había destituido el Procurador por haber querido desprivatizar la gestión de las basuras.2

Para ver documento completo, click aquí:
https://docs.google.com/file/d/0B5ro9VGGR03fLUJxOXFVcWJKMmM/edit

lunes, 2 de diciembre de 2013

Atisbos No. 183.


LOS DE SANTOS Y URIBE, DOS LIDERAZGOS ENCONTRADOS 
EN EL BLOQUE EN EL PODER.

Humberto Vélez R.
Hasta este décimo sexto ciclo de diálogos en la Habana centrado en el narcotráfico (asunto en el que, dada su experiencia vivencial, las Farc podrán aconsejar remedios que no soluciones, pues es Washington quien tiene la última palabra) es mucho lo que se ha especulado, aunque también analizado[1], acerca del carácter y los alcances de las relaciones entre el “intrínsecamente” guerrerista Uribe y el ahora pacifista Santos. En primer lugar, su relación problemática  no puede reducirse a la  cuestión de un Santos “traidor” o a  la de un Uribe “megalómano”, siempre airado de cara a la menor crítica de su  auto-sentido “el Estado colombiano soy Yo”. Pero, aunque no se trata de maximizar las diferencias ni de asignarles un carácter antagónico, tampoco es válido reducirlas a un mero asunto de estilo entre un Uribe montañero-altanero y un Santos aristócrata-refinado. Si en el seno del pueblo hay tensiones y contradicciones, éstas también son normales entre las distintas fracciones o facciones  del capital.
Dos posturas los han unido y continúan juntándolos. De un lado, la férrea convicción neoliberal de la superioridad del mercado auto-regulado sobre el Estado, y del otro, la aceptación acrítica de la actual forma de acumulación capitalista en la sociedad colombiana: la internacionalización de la propiedad del subsuelo y la puesta en marcha de la gran empresa extractivo-minera  apalancada en el capital extranjero. Como decir que tanto el  uno como el otro, desindustrializando el país y frenando la expansión de su mercado interior, desean regresarlo, en un nuevo contexto  de historia, a la condición, en lo predominante, de una economía exportadora de materias primas mineras.
.........
Para ver y descargar el documento completo en pdf, click aquí:  https://drive.google.com/file/d/0B5ro9VGGR03fbktYRVBYTWZkeFU/edit?usp=sharing


[1]. Entre  todos los análisis   destacamos y recomendamos el reciente artículo  de JAIRO Estrada A, “Reacomodos en el Bloque en el Poder”, Revista Izquierda, No 38, octubre 2013.

lunes, 21 de octubre de 2013

Atisbos No. 180. Humberto Vélez.



para acceder al documento completo hacer click aquí:
https://docs.google.com/file/d/0B5ro9VGGR03fRDRwSlo3Zl9pR2M/edit?usp=drive_web

“MÁS ALLÁ DE LO RACIONAL, SALUDABLE Y DESEABLE,
LA HABANA HA SIDO CAPTURADA POR LA COYUNTURA ELECTORAL”
Algunos escenarios posibles

Humberto Vélez R. 


No es sano ni saludable, sino más bien doloroso, que el primer desenlace, el de la firma de unos acuerdos históricos, de un conflicto interno armado que ahora en el 2014 cumplirá  50 años de existencia, termine dependiendo de la circunstancia raquítica y perversa y coyuntural de una elecciones, sobre todo considerando el carácter que la democracia de representación ha tenido en Colombia: Aquí en nuestro medio, el gran programa de la mayoría de los aspirantes a un cargo de elección popular, ha consistido “en salir elegido” para luego dedicarse, ahora sí de cuerpo entero, a capturar para beneficio personal, grupal o corporativo,  la mejor cuota que alcance en materia de distribución del presupuesto,  de los puestos públicos, de los  paseos al exterior y de otras gangas beneficiosas del oficio.  Para no analizar con los deseos y las idealizaciones, será esa la realidad que habrá que asumir como necesario referente.
Por ahora partamos de una realidad y de la reiteración ligera de algunas nociones básicas. La realidad: en la actualidad la Habana  no es un problema  central para el conjunto de la sociedad Colombiana, es decir, no es una causa nacional, ni siquiera para  los partidos de la Unidad Nacional de Santos, que tienen otras urgencias. Por razones diversas y bajo signos ideológicos distintos, en esa causa sólo están interesados Santos y algunos de sus más cercanos; distintos sectores, más bien estrechos de las sociedades civiles y de los partidos, organizaciones políticas de centro-izquierda. También está interesado el URIBESCO CENTRO DEMOCRÁTICO, pero en la línea del fracaso de la experiencia. Hace poco, en una charla le preguntamos  a un grupo de unos 150 estudiantes universitarios quiénes en los últimos 15 días habían leído, por lo menos un artículo analítico sobre  los Diálogos de la Habana y sólo lo habían hecho unos 10. Sobre el proceso sólo sabían  lo que por televisión les decían CARACOL Y RCN. Eso sí, casi todos querían que no hubiese más guerra y que si se negociaba fuese bajo las lógicas de una guerrilla sometida  o en condiciones de casi necesaria capitulación.
Lo que no sabemos es si desde la Habana el equipo de Delegados de las Farc alcanza a leer estas y otras muchas realidades, sobre todo las asociadas, tal como veremos más adelante, a tres imaginarios o representaciones bélicas negativas sobre las guerrillas, de una cobertura social impresionante entre las llamadas sociedades civiles.
Duele eso sí que la causa de la paz no sea una causa nacional, pues como lo acaba de destacar  Yesid Arteta Dávila, en un extenso y lúcido Ensayo,
“Colombia está en un momento crucial. Las decisiones- y las no decisiones, agregaríamos nosotros-  que tomen el Gobierno y las Farc en un futuro cercano determinarán la historia del país en la presente y próxima década. Los líderes…tienen una cita con la historia. Unos y otros  deben responder con realismo y sin demagogia al imaginario de paz  que predomina en la gente colombiana”.[1]
En una línea similar ha hablado Semana,
“Hace poco Antanas Mockus dijo en Londres hablando del ritmo del proceso: ‘Tanto la lentitud como la prisa traen riesgos’. Ni tan rápido como le dictan al gobierno sus urgencias políticas ni tan pausada y retóricamente  como preferirían las farc, lo único que puede salvarlo son acuerdos tangibles…La gran paradoja es que lo que está en juego no sólo es la última oportunidad de una paz negociada en muchos años, sino un proceso que ya produjo un acuerdo histórico en torno al campo, origen y motor del conflicto. Dos razones para pensarlo dos veces antes de arrojarlo al oleaje de la política”[2]
Vayamos ahora a reiterar algunas nociones básicas, así: 1. Paz Negativa: en general se habla de ella cuando no hay guerras; entonces, acordar el fin del conflicto armado interno, es comenzar a construir paz negativa con conciencia de que todavía nos quedan  otras guerras: 2. Paz Positiva:  en una sociedad dada, se está haciendo paz positiva cuando se están abordando las reformas estructurales orientadas a crear condiciones de democracia, de equidad social y de participación ciudadana, que dignifiquen la vida humana. Qué lejos estamos en Colombia de avanzar en esa dirección! 3. Las dinámicas de una negociación: como   criterios probados  se considera que una negociación está avanzando cuando se empiezan a modificar las posiciones iniciales, consideradas como inamovibles, a partir de una diálogo cada vez más sincero, sobre las necesidades e intereses de las partes. 4. En toda negociación, en su fase final, se deben diferenciar dos pasos importantes: una cosa es firmar los acuerdos  y otra cosa es su implementación: con lo primero se está iniciando la construcción de paz y con lo segundo se la está haciendo realidad. Y 5. La noción de Paz Imperfecta: nunca en ninguna parte y en ningún momento se construye LA PAZ, lo que se hace siempre es intentar construir PAZ, que siempre será una paz imperfecta, una construcción de todos los días y a toda hora, pues  mientras exista el conflictivo ser humano, ese será un esfuerzo sempiterno de nunca acabar. ¡Bienvenida, entonces, la Economía política de la Paz!
Aplicando algunas de estas nociones, digamos que lo que se está haciendo en la Habana es tratar de iniciar la construcción de paz negativa poniendo fin a un cincuentenario conflicto armado  interno -irresolutas quedarían todavía  otras guerras- abordando una sola medida orientada a empezar la construcción de paz  positiva -hacer una reforma agraria como componente central de una reforma rural integral-  para que, dado este primer paso en la lucha política democrática sin armas, diferentes propuestas hegemónicas puedan competir o por mantener el capitalismo salvaje o por suavizarlo haciéndole algunos retoques  o por jalonar las reformas estructurales que el país necesita en materia de cualificación de la democracia, de una profunda revolución social y de puesta en vigencia de la democracia de participación. Con todo ello, sólo estaríamos intentando construir paz, que no LA PAZ.
No sobra advertir  que el desenlace que tenga esta guerra interna no es inane ni inocente de cara al futuro del país. Otros querrán conquistar la paz negativa intensificando la re-guerra y regando en los próximos diez años  otros 220000 cadáveres por los campos de batalla y dejando al país completamente “des-enrutado” en materia de construcción de paz positiva. 
El mejor indicador empírico de que en la Habana se ha estado avanzando se encuentra en el hecho que  desde el principio ha habido dificultades y tensiones y que por eso no se han parado de la Mesa sino que han proseguido los ciclos encontrando siempre salidas para continuar dialogando. Es decir, que entre ellos han estado haciendo la transición de amigos/enemigos a la de amigos/adversarios. De no ser así, significaría que lo que allá lo único que han hecho las dos delegaciones es mirarse tontamente la cara en medio de uno u otro chiste. Tampoco debería asustarnos que los enemigos de la paz negociada hayan aprovechado esos lógicos momentos críticos para maximizarlos, distorsionar los hechos y hasta para montar mentiras.


[1] . Arteta Dávila, Yesid, “ACUERDO DE PAZ: EL GRANO Y LA PAJA”. 29-09-2013
[2] .”LA PAZ, REHÉN DE LA POLÍTICA”, Semana, edición 1619, deel 30 de septiembre al 7 de octubre de 2013, pgs.34-35.

documento completo en el link inicial.